El derecho a decidir en Cataluña

(L’article que podeu llegir tot seguit, el vaig escriure dos o tres dies després del 10 d’abril, i el volia enviar al Diario de Teruel. No ho vaig fer en el seu moment per oblit  i ara, atesa la manca d’actualitat —ha passat un mes— només el publicaré aquí al bloc)

                                                                                                      ” José Miguel Gràcia*

         “¿Está de acuerdo que Cataluña se convierta en un estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?” —así rezaba la papeleta que introdujeron en las urnas, el pasado 10 de abril, unos 260.000 barceloneses. Los organizadores se habían marcado como objetivo, alcanzar una participación del diez por ciento, no obstante acudieron a votar más del 18%, por lo tanto, para los organizadores, la jornada fue todo un éxito, jornada histórica, se dijo. Desde que comenzaron estas consultas hace año y medio votaron en Cataluña 885.000 personas (9 de cada diez lo hicieron afirmativamente), un 20% del censo electoral oficial de los lugares donde se ha votado. No entraré en la calificación de si fue poco o fue mucho el resultado, teniendo en cuenta que todo el proceso se llevó adelante sin la colaboración directa de los partidos políticos y organismos públicos. El movimiento ciudadano fue su organizador y ejecutor.  Solamente diré que la sociedad española en su conjunto debería tomar cabal y seria nota, no sea cosa que dentro de unos años, si el sentimiento y necesidad de independencia en Cataluña se instala de forma mayoritaria en el seno de sus ciudadanos, pueda desbordar imprevisiblemente la capacidad de entendimiento del fenómeno por parte de la sociedad española.

        Fíjense como interpretó la jornada del domingo 10 de abril la prensa de Barcelona y la de Madrid: la primera dijo que fue un éxito la convocatoria y a la vez una aviso, una movilización de voluntades, un brillante punto final que marca el camino hacia el derecho a decidir, un paso hacia el pacto fiscal, y otras afirmaciones similares. Por el contrario la prensa en Madrid ha cualificado la jornada de participación minoritaria —El País— i la caverna mediática ultraconservadora —tres periódicos i algunos medios más— se han despachado con estas lindezas: fracaso total, charlotada cómplice, jugar con fuego, mascarada, resultado ridículo, pasatiempo político de fin de semana de los radicales, fantochada, apesebrados lobbys organizadores, enemigos de la ciudadanía… Saque el lector la conclusión.

        Dejaré caer unas cuantas ideas, intentando interpretar cual es la realidad de Cataluña y apuntaré algunas causas. El sentimiento de que la integración con España es una carga para los ciudadanos catalanes no es nuevo, pero va creciendo cada día. Un hecho que nadie comenta y fácilmente comprobable es el siguiente: la gran mayoría de los jóvenes —votantes de hoy o de mañana— ven a España cada vez más como algo contrario a sus intereses, y en el mejor de los casos, como algo ajeno. La burguesía catalana ha descubierto que es más importante el mercado europeo que el español.

        ¿Cómo y quien ha alimentado este proceso, digamos, de divergencia?: nadie niega que hay una parte de la ciudadanía que se siente solamente catalana y que desde siempre ha querido desconectarse de España. Citaré una serie de circunstancias y hechos puntuales o repetitivos que han desbrozado el camino hacia la generalización del deseo de independencia: los ataques permanentes de la caverna mediática madrileña, la segunda legislatura del señor Aznar, el permanente goteo de acusaciones falsas respecto a la insolidaridad de Cataluña, el déficit de la balanza fiscal catalana, el trato a la lengua catalana, el rompimiento de la idea de federalismo, la recogida de firmas del PP contra el Estatut, la sentencia del TC contra el Estatut refrendado por el pueblo catalán, etc., etc. Los grupos y partidos nacionalistas o independentistas de Cataluña tienden a colocar en el mismo nivel de responsabilidades tanto al PP como al PSOE/PSC. A mi modo de ver es injusta la acusación, en cuanto al nivel de responsabilidades de un partido y de otro. La gran responsabilidad es de la derecha.

        Dicho todo lo anterior, rotos los miedos de la transición, el reconocimiento y explicación del por qué de la independencia se ha generalizado por toda la sociedad catalana, cuando  hace unos años, eran minoritarios estos comentarios.

        No vayan a pensar que quiero predecir que se avecina una ruptura seria a corto plazo, ni mucho menos, entiendan mis razonamientos como un proceso de desafección que podría conducir a aquella si no cambian las actitudes por ambas partes. Quiero concienciar del proceso de cambio. Del derecho a decidir se está pasando al derecho a la independencia. Tal vez con el ejercicio del derecho a decidir, se podría equilibrar la balanza.

        El Gobierno actual de CiU lanzará el reto de la financiación, el concierto económico, similar al que disfrutan vascos i navarros, al próximo gobierno del Estado, dejando en el cajón, por el momento, otras reivindicaciones soberanistas. Ahora bien, con un sistema fiscal como el vasco y el navarro, ¿para que querría Cataluña la independencia? Esto último es una pura especulación mía.

                                                                                                                          *Escritor ”

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