Derecho a decidir

(Aquesta article enviat a “El Periódico de Aragón” ja fa dies, no ha estat publicat. “La Comarca d’Alcanyís” diu que el publicarà)

                                                                                  “José Miguel Gràcia*

El próximo 25 de noviembre los ciudadanos catalanes depositaran su voto en las urnas para elegir los 135 miembros del nuevo Parlament, del cual habrá de surgir el president de la Generalitat, el gobierno y los grupos de la oposición. En una situación normal mi afirmación no sería más que una obviedad, no obstante, en el momento actual, los resultados de esta llamada a las urnas tendrán muchas otras consecuencias. De hecho su anticipación es una prueba más de la importancia y excepcionalidad de estas elecciones.

La composición del nuevo Parlament catalán nos aportará, entre otras cosas, una primera prueba fehaciente de lo que desean los catalanes respecto a su proceso de emancipación de España. En función de los programas que presenten los diferentes partidos y los votos que obtengan —no digo diputados—, nos podremos hacer una idea de lo que el millón y medio de personas de toda Cataluña, que se manifestaron el 11 de septiembre en Barcelona, realmente pedían. Sobre lo que no tengo ninguna duda es que quedará bien patente el deseo, en porcentaje de votos, del ejercicio del derecho a decidir su futuro.

Está haciendo mucho daño, en la relación de Cataluña con el resto de España, la focalización de todo lo que está sucediendo en la persona del president, Artur Mas, y su inculpación por parte del gobierno del Estado y de los medios de comunicación, como si los ciudadanos catalanes fuesen un cero a la izquierda y su deseo de cambio de las relaciones con el Estado, un mero seguidismo de las ideas del Sr. Mas. Tal comportamiento solo sirve para exacerbar los sentimientos de independentismo y encumbrar todavía más al president.

Si nos atenemos a las encuestas que se vienen publicando, CiU ganará los comicios, rozando la mayoría absoluta. Los socialistas pueden perder hasta 8 diputados, Esquerra Republicana puede experimentar una gran subida, los populares pueden perder un par de diputados, Iniciativa, ganar unos tres y Ciudadanos un par.  Resumiendo, en el Parlament catalán las fuerzas soberanistas podrían superar los dos tercios. Como mínimo, todas la fuerzas soberanistas incluirán en sus programas la consulta a los ciudadanos.

El día 26 de noviembre, sobre la mesa del presidente Rajoy habrá un gran problema pendiente de solución si los resultados de los comicios se sitúan en torno a las previsiones: ¿Como llevar a término una consulta popular/referendum en Cataluña sobre su deseo de un Estado propio? No hace falta decir que tal referendum no está previsto en la Constitución, ni que los dos grandes partidos políticos españoles están a favor de un cambio de la misma, ni que una mayoría de españoles lo desea. Pero el problema estará y habrá que resolverlo; de lo contrario, las consecuencias podrían ser fatales para Cataluña e incluso más para España. Se dice y se seguirá diciendo que el referendum no sería constitucional, pero ¿se puede afirmar que no sería democrática la consulta? ¿Se puede ningunear el derecho a decidir de una nación como así se siente Cataluña? Preveo que no va haber acuerdo y que el Parlament catalán aprobará una ley de consultas del carácter que sea y que la consulta se llevará a término. En el caso de que los resultados de esta consulta no fuesen mayoritarios a favor del independentismo, se podría pinchar la efervescencia nacionalista, vista como un abultado soufflé desde España, pero como una sólida tarta de manzanas desde Cataluña. En el caso de unos resultados mayoritarios, el problema será candente. El conflicto que ya comienza a traspasar nuestras fronteras, tomaría aires internacionales. ¿Le interesa a España, dada su débil posición económica y falta de credibilidad internacional, que el conflicto se vaya engordando y que aumente la crispación?

Surgen voces de buena fe y otras interesadas, proclamando la necesidad de entendimiento entre Cataluña y España, pero me temo que llegan un poco tarde y en plena grave crisis económica, a la cual no se le ve el final. El Estado autonómico asimétrico, el federalismo —que a algunos tanto nos ilusionó— o los pactos fiscales con relaciones bilaterales, en estos momentos de recentralización Española, son prácticamente imposibles. Y así, lo que prevalece en estos momentos es la apelación al cumplimiento estricto de la Constitución y a no hacer ningún cambio. Hace muy poco tiempo se cambió la Constitución mediante una conversación telefónica entre los dos grandes partidos.

Y también apuntan actitudes disuasorias o amenazantes. Malas prácticas para abrir caminos de entendimiento. Supongo que el lector tendrá su opinión sobre la viabilidad de una Cataluña independiente y de una España sin Cataluña, yo tengo la mía y veo a España en peor situación.

                                                                                                     *Economista y escritor”

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