Es desperten els valencians?

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(Article publicat al Diario de Teruel)

                                                                                               ” José Miguel Gràcia

Pienso que el presidente valenciano Fabra nunca pudo imaginar el movimiento y rechazo social que produciría el Decreto del cierre de la RTVV. Los índices de audiencia del Canal 9 en los últimos meses se habían situado en un 3 ó 4 por ciento —los informativos mucho menos—, lo que da a entender lo poco que les importaba a los ciudadanos  valencianos su televisión. Hay que aclarar, no obstante, que hubo épocas en que el Canal 9 tuvo un índice de audiencia en torno al 20 por ciento. Al final del mandato de Lerma la audiencia estaba en torno al 18 y con la era Camps se produjo el gran batacazo. Es bien fácil de explicar el poco interés de los valencianos en ver su televisión, teniendo en cuenta el deterioro progresivo de la calidad de sus programas, la total manipulación política de sus informativos y la menguante utilización de la lengua valenciana —catalán para el que lo prefiera. Si alguien está interesado en saber hasta donde llegaba la parcialidad y manipulación del Canal 9, le bastará con leer la carta que publicó Yolanda Mármol, corresponsal en Madrid de dicho canal, el día del Decreto de cierre de Fabra (busquen en Google “Mis mentiras en Canal 9”).

Sin demasiado esfuerzo podemos convenir que la RTVV ha sido un perfecto ejemplo de lo que no debe ser una radio y televisión públicas, teniendo en cuenta su parcialidad informativa, su desorbitada plantilla que con el PP pasó de 700 a 1800 personas, una pésima gestión económica, una deficiente selección del alto personal producto del amiguismo y afinidad política y una promoción de la cultura valenciana cercana al “búnquer barraqueta”. No quisiera ser injusto con los buenos profesionales que también los hay y los hubo en la RTVV, pero que poca cosa pudieron hacer para no llegar a la situación actual. La conservación del puesto de trabajo hizo comerse muchos sapos a los trabajadores de la RTVV, de ahí su explosión reivindicativa actual, cuando poco más pueden perder.

No sé si han despertado la mayoría de los ciudadanos de la Comunidad Valenciana —más al norte le llamamos “Pais Valencià”—, pero muchos de ellos, de todas las edades, se han manifestado por calles y plazas de todo el territorio contra el cierre y demandando un “NOU CANAL” libre y objetivo con contenidos que promocionen y defiendan la lengua y la cultura de Castellón, Valencia y Alicante. Cuando escribo estas líneas, todavía los profesionales del ente RTVV, de forma autónoma, mantienen la programación y han triplicado las audiencias. No sé si las protestas y manifestaciones servirán para mucho, dado que la deuda del ente es inmensa y que la decisión de cierre va en firme según va repitiendo Fabra, siguiendo las órdenes, está bien claro, del PP de Madrid.

No se entiende muy bien, o pueden que sí, vete a saber, cómo los ciudadanos valencianos han podido votar tan masivamente al PP durante tanto tiempo. Razones para no hacerlo no les han faltado. Atrás quedó el fiasco de Terra Mítica.  Qué decir del despilfarro en la Ciudad de las Artes y de la Ciencias, del aeropuerto fantasma de Castellón, del Circuito de Fórmula 1, de los implicados por la trama Gurtel —gestores institucionales, parlamentarios y otros cargos—, del ladrillo y cemento que inundan las costas, de la fallida de la CAM y otras cajas, y ahora del cierre de la RTVV con el ERE fallido, con varios directivos implicados en la trama Gürtel y una deuda de más de 1200 millones. A la lista de todas las tropelías de la clase política valenciana del PP, añada el lector lo que sepa, aparte de lo dicho.

Yo no sé si la sociedad valenciana despertará por fin de su letargo.

Todos sabemos que las finanzas de la Generalitat Valenciana están en quiebra total, nada extraño después de tanto desmán, podríamos concluir, aunque en honor a la verdad hay que añadir a la relación de desmanes, una causa posiblemente más importante: el déficit de la balanza fiscal de la Comunidad Valenciana con relación al Estado, es decir la diferencia entre lo que los valencianos aportan al Estado y lo que éste les devuelve por todos los conceptos: sin duda, un montón de millones anuales. Puede que, en el aspecto econòmico, tengan más motivos de queja que los catalanes. Cuando los ciudadanos de la Comunidad Valenciana sean conscientes de este gran desequilibrio no van a necesitar despertador en mucho tiempo.”