Cataluña, el 9N y después

Parlament

(Article publicat avui a La Comarca d’Alcanyís)

¿Fue un éxito la participación ciudadana del 9 de noviembre en Cataluña? ¿Fue un rotundo fracaso? ¿Qué valor tienen las cifras de participación en dicho proceso? ¿Jurídicamente? ¿Políticamente? ¿Se pueden sacar algunas conclusiones? Ha quedado bien claro que no fue un referendum, ni tampoco una consulta de acuerdo con la Ley Catalana de Consultas. Convengamos que fue un proceso de participación política ciudadana, una manifestación más, pero con una característica muy importante, se pudieron contar exactamente los asistentes y saber lo que pensaban realmente.

No fue un referendum —bien que lo querían los catalanes— ni consulta porque la admisión de los recursos del gobierno de España por parte del Tribunal Constitucional lo impidieron. Es, como mínimo, una hipocresía acusar al proceso de votación catalán de falta de democracia y de control oficial, cuando no se pudo hacer de otra manera. Si te sacan los ojos no te pueden acusar de que no ves.

La participación fue de más de 2.305.000 personas, de las cuales 1.863.000 (32-33 % de un censo estimado) votaron sí a la independencia, 232.000 sí a un estado propio no independiente y 210.000 noes o nulos. Se pueden hacer muchas estimaciones y cálculos de lo que podrían representar estas cifras con relación al número de votantes que acudirían a las urnas en un proceso formal y legal, pero todas serían especulaciones. Como ejemplo ilustrativo baste decir que con “tan solo” 30 % de votos con relación al censo electoral, el PP obtuvo la mayoría más que absoluta. No entiendo como el PP no se cansa de ridiculizar y calificar de absoluto fracaso la consulta catalana. Más de 40.000 voluntarios participaron en el muy ordenado y planificado proceso: abrieron los colegios electorales, formaron las mesas y las mantuvieron hasta las ocho de la tarde, hicieron el recuento y ordenaron las aulas. Más del 95 % de los Ayuntamientos catalanes colaboraron cediendo edificios. La propaganda, promoción y ayudas, previas o en el mismo día nueve, corrió a cargo de los voluntarios de la Assemblea i Omnium —la sociedad civil. Si tenemos en cuenta que el número de colegios electorales fueron la cuarta parte, como mucho, respecto a unas elecciones normales; si la propaganda en medios de comunicación fue mínima; si existía el miedo a que se pudieran retirar las urnas; si la consulta no era vinculante y un sin fin de dificultades más, dejo al lector que califique el acto de fracaso o de éxito. Lo que nadie podrá negar es que fue una gran fiesta de la democracia y de ilusión de jóvenes, de no tan jóvenes y de muy mayores. Sacar a la calle a 2.300.000 personas no es tarea demasiado fácil. El día 9 de noviembre en Cataluña se produjo un acto de rebeldía y desobediencia real, aunque no formal, algo así como una desconexión del Estado. Se diría que se perdió el miedo.

 ¿Y a partir de ahora qué? Esta es la gran pregunta. Aquellos que han defendido la tercera vía, es decir llegar a una serie de acuerdos entre el Gobierno de España y el de Cataluña para que los catalanes se pudiesen sentir más cómodos dentro de España no deja de ser una quimera, inaceptable ahora por Cataluña. El proyecto de reforma constitucional para llegar a un Estado federal, que defiende como cansina letanía el PSOE, tiene algunas “pequeñas dificultades”: quererlo ellos mismos de verdad, qué hacer y cómo, y encontrar aliados. La consulta o referendum legal, acordada con el Estado, para que los catalanes decidiesen su permanencia en España o no, como en Escocia o Canadá, es un imposible. Bien claro lo expresó Rajoy en su comparecencia ante los medios de comunicación el pasado día 12 en la Moncloa. No puedo, porque la ley es la ley y el artículo 1º de la Constitución es sagrado, vino a decir. En el caso de una posible reforma de la Constitución, tampoco aceptaría el cambio, ni yo, ni mi partido, dijo ¿Acaso podría si quisiera hacerlo? Desde su ultraderecha no le dejarían. ¿Y qué me dicen Vdes. de la gran seducción hacia Cataluña que podría producir la querella contra Mas y algunos de sus consejeros por parte de la Fiscalía? Un muro granítico se alza y endurece más y más cada día.

¿Qué salida queda? Unas elecciones anticipadas, llamémoslas plebiscitarias para entendernos, se atisban en el horizonte. Ello exigiría un mínimo de acuerdo entre Mas y Junqueras al menos. Este último las querría cuanto antes, pero Mas tiene mucha menos prisa. Otro tema importante es la formación de una lista única o no. Nada de lo que va a venir va a ser fácil para Cataluña, ni para España. Una gran masa de catalanes se ha hecho a la idea del Estado propio y un grupo muy importante se ha “desconectado” del Estado español. Los asuntos internos de España, se convertirán a no mucho tardar en externos, y hablará la señora Merkel, y la UE y los bancos acreedores del Reino de España. O tal vez no hablen y se limiten a mandar algún recado. ¿Quién resistirá más? En un lado hay mucha ilusión y ganas, en el otro, por ahora, está la fuerza del Estado, pero también muchos problemas tanto en el partido como en el gobierno. Hay gigantes con pies de barro.

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