España con Cataluña, sin futuro

catalunya

(Publicat avui a “La Comarca” d’Alcanyís)

Los ciudadanos catalanes votarán el próximo día 27 de este mes, y lo harán en clave plebiscitaria, dígase lo que se diga y ofrézcase lo que se ofrezca en los programas electorales. Incluso diría más, aunque la voluntad de un porcentaje importante de votantes fuese contraria a esta dicotomía, su voto se contaría como un “sí” o un “no” a la independencia. No cabe ninguna duda que los votos que obtengan la coalición de “Junts pel Sí” —Convergència Democràtica, Esquerra Republicana, Moviment d’Esquerres, Assemblea Catalana, Ómnium, Súmate, Independientes…— y la CUP caerán en el saco del independentismo, y así se contarán. No es cierto que no tengan programa electoral, todo lo contrario, es el más amplio, radical, social y político de todos, basta con leer los diez ejes que propone la Assemblea para la manifestación de la Diada. Lo que pasa es que para la aplicación de todas las políticas que de dichos principios se desprenden hace falta un Estado propio. La independencia se convierte en el instrumento necesario e insustituible.

Al margen del envoltorio de sus programas, los votos obtenidos por el Partido Popular y Ciudadanos serán decididamente unionistas, antiindependentistas si así lo prefiere llamar el lector. Los socialistas adornarán sus propuestas programáticas bajo la capa del federalismo y el acuerdo con el gobierno de España, La posición de Unió Democràtica, en el fondo, es similar a la de los socialistas, pero cambiando Estado federal por confederal y acordado con el gobierno, por supuesto. El plazo sine die de ambos los hace caer en el saco del “no”, aplicando el mínimo realismo. En cuanto a la posición de la coalición “Barcelona si que es pot” —Podemos e ICV­-EUiA — el tema se complica un poco, puesto que los hay que se declaran independentistas y otros no. Dicho de otra forma, todos están por el derecho a decidir, pero a decidirlo todo, dicen, empezando por lo que más le interesa al ciudadano (sanidad, vivienda, enseñanza, derechos sociales…) para lo que hay que tener inexorablemente una hacienda propia, y si no se consigue, al final el pueblo habrá de practicar el derecho a decidir, con o sin acuerdo del Estado. Si al lector se le hace complejo el entendimiento de esta posición, no se preocupe, a mi también. Si una cosa tengo bien clara respecto a “Barcelona si que es pot”, es su decidida anti-Convergencia, y otra, un poco menos clara, que su sine die podría tener un límite. Si los votos o los diputados obtenidos por los partidos y coaliciones que describo en todo este parágrafo resultasen ganadores, no tenga ninguna duda el lector, que desde el gobierno y los partidos políticos del Estado, desde los medios de comunicación y desde multitud de instancias, se encargarían de afirmar con gran alborozo y a los cuatro vientos, la derrota del independentismo. Y eso que no eran unas elecciones plebiscitarias…

Si gana el “si”, y ahora quiero justificar el título del escrito, se abrirá un proceso duro y tensionante, en el que los acontecimientos de un día marcarán las actuaciones del siguiente, exista o no exista una clara hoja de ruta. Habrá que gobernar el día a día, habrá que intentar crear estructuras de Estado, habrá que fijar un borrador de Constitución, y tantas y tantas cosas. Habrá que negociar y mucho. ¿Quién sabe cual será la actitud y actuación del gobierno y del Parlamento español? ¿Serán ambos parecidos a los actuales o estarán sensiblemente modificados después de las elecciones generales de antes de final de año? ¿A quién le interesará la salida de Cataluña de la Unión Europea? ¿Estará dispuesta España a soportar en su totalidad el billón de euros de Deuda Pública del “Reino de España” para mantener el veto a la pertenencia de Catalunya a la UE? ¿Qué dirá el BCN, la UE o la Sra. Merkel? ¿Y las multinacionales? ¿Y el mundo? El único camino posible será la negociación civilizada entre dos estados soberanos. Las amenazas, el miedo y las teorías rupturistas de la sociedad serán solo pasado.

¿Y si ganase el “no”? A mi modo de ver la incertidumbre aún sería mayor y el futuro más incierto. ¿Cómo y quienes formarán gobierno? Si alguien piensa que las cosas seguirán igual que antes, se equivocará de parte a parte. Los que confían en un cambio profundo de la Constitución española para dar cabida a las reivindicaciones catalanas, no se han planteado ni siquiera los posibles cambios. ¿Qué derecho tienen los catalanes a cambiar la Constitución si la mayoría de los españoles se siente cómoda en ella? No hablo por supuesto de cambios más o menos estéticos. ¿Y si la Constitución resultante fuese más recentralizadora que la actual? ¿Qué fuerza o fuerzas políticas querrán o podrán enfrentarse con el resto de España para lograr convertir a Catalunya en un Estado asociado o federal, o ni tan siquiera alcanzar el estatus que disfruta Euskadi o Navarra? ¿Cuánto tiempo aguantarían los partidos que yo llamo del “sine die” con su indefinición? ¿Cuánto tiempo la gran mayoría de catalanes les mantendría el voto? El futuro no podría ser más incierto. Todo lo que tiene de incierto el proceso catalán, lo tiene de apasionante, al menos para mi.

Acabado este artículo leo en la prensa la carta abierta de Felipe González a los catalanes, un ejemplo más de “talante negociador”, y se me cae el alma a los pies. Entre otras consideraciones y lindezas poco democráticas y de falta de respeto a las mayorías, dice que el proceso hacia la posible independencia de Cataluña es lo más parecido al nazismo o al fascismo; bien, lo dice así: “es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado”. ¡Olé la gracia, ganas de diálogo y deseo de entendimiento, con una gran parte de los catalanes, del ciudadano Felipe González, presidente que lo fue de España! Contentos han quedado la mayoría de catalanes. Con todo, no le quepa ninguna duda, señor González, que Vd. podría dar libremente un mitin en la campaña electoral que se avecina, como lo hizo en 1977 en la Plaza Monumental —yo era presente— ante más de 100.000 personas dentro y fuera del coso. Señor González, puede que ahora no llenase ni un pequeño teatro, ya que algunas cosas han cambiado mucho. Poco importan ahora los motivos que imposibilitan la vuelta atrás. Su carta me ha dolido profundamente, por lo que dice, por lo que calla y por el tufillo que destila el concepto que tiene Vd. de la democracia.

José Miguel Gràcia

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Una resposta

  1. Totalment d’acord, José Miguel . Respecte al pamflet del “simple ciudadano” Felipe Gonzàlez, no sé perquè, però em sembla que serà contraproduent pel que ell pretén. Vull creure que ni els socialistes de veritat podràn entendre com s’acumulen tantes mentides i amenaces contra el seu país (Catalunya i per tant, per a ells, Espanya). A veure si els resultats del 27S permeten tenir esperances de canvi i progrés. Ho desitjo de tot cor. Salut

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