Cercles

(Del meu llibre Reflexions i abstraccions. XXXIII POEMES, el poema Cercles)

Ara, els cercles
em desconcerten,
em pertorben,
em confonen.

Quan era xiquet
jugava amb els cercles
i em sentia bé.
Eren cercles de pols fets al carrer,
òrbites de llum que integraven les distàncies.
Les fulles, en caure, conformaven els límits
com dies i nits dintre dels cercles;
i la meua il•lusió pintant circumferències.
Omplia de pedres les basses,
mirava els ulls de les nenes maques.
Per què portava tants botons la sotana del capellà?
Per què es feia, els dissabtes, tonsurar?
Sort que els claps eren rodons
i les rodes dels carros i els ulls dels gats;
les coscaranes i les rosques.
Sempre esperant que retornessin les festes
perquè els anys eren cercles
i la vida era un cèrcol.

En arribant al cilindre, acumulant cerclades,
em vaig quedar tant fart…,
que vaig odiar, per sempre, tots els cercles.

Ara m’agraden les línies que s’allunyen,
que no tornen,
que es perden…

Anuncis

Gran Scala

(Article publicat avui, 26 de febrer, al diari La Comarca d’Alcanyís)

José Miguel Gràcia*

Reconozco que en su momento, la noticia del proyecto de Gran Scala me pilló desprevenido: su ubicación en medio de los Monegros, el volumen de la inversión, la cantidad de hoteles, casinos, salas de juego, campos de golf, la necesidad de grandes infraestructuras para su funcionamiento, el montante de millones de euros que iba a generar y su repercusión en impuestos que mejorarían las arcas de las finanzas aragonesas, los puestos de trabajo, la masa de turismo que movería por las tierras de Aragón, etc., etc. En principio todo magnífico. Supongo que como a mí, pilló desprevenida a casi toda la sociedad, ya que tardaron en hacerse públicas algunas críticas.
Posteriormente, han ido apareciendo algunas plataformas, bastante minoritarias, por parte de grupos ecologistas, defensores del territorio y voces individuales significativas en contra del proyecto. Hay que decir, sin embargo, que no han tenido demasiada repercusión, lo cual no es de extrañar si se tienen en cuenta todas las bondades del macroproyecto.
Anduve yo pensando un tiempo entre el desconcierto, las ansias de creer en aquella gran solución de futuro para Aragón y mi necesidad de análisis crítico del milagro venido de tierras americanas como un nuevo “Bienvenido Mr. Marshall”. Confieso que no andaría yo demasiado despierto en mi capacidad de análisis y raciocinio, ya que no me pude salir con la mía. A lo único que llegué es a preguntarme: ¿dónde está el fallo o el punto flaco? De haberlo, haylo, pensé, y dejé apartado el “proyectico”.
Fue hace unos días y sin saber cómo ni por qué, cuando se me abrieron los ojos, los cuales muy entelados o legañosos los habría tenido, —perdonen mi poco cuidado y falta de elegancia en la metáfora— al no haber visto antes, el supuesto imposible, pero fundamental para el éxito del proyecto. Se han parado a pensar en la cifra de 25 millones de personas. Piénsenlo un momento y sigamos. Esta es la cifra de visitantes por año que supone el proyecto para ese lugar, al parecer todavía desconocido, en medio de los Monegros. Veinticinco millones de seres humanos, ludópatas y aventureros, llegados por tierra, mar y aire, que vendrían a vaciar sus bolsillos y los límites de sus tarjetas de crédito al paraíso de la ilusión. Veinticinco millones de seres humanos, que equivalen a 68.500 individuos cada día; i también por día, 300 aviones o 170 trenes llenos, o 1000-1200 autocares, o 40.000 automóviles, o una combinación de todas las posibilidades, tanto en verano con el achicharrante sol monegrino, como en el invierno helador de tiempos y suspiros. Descartamos la posibilidad de llegar andando, por poco realista dada la lejanía y las características climáticas a las que hemos hecho mención. Se me olvidaba: si algún día fuesen pocos las visitantes, en otras jornadas deberían multiplicarse casi por dos. Calculen los trenes, aviones, autocares y coches necesarios a tal efecto.
Promotores, entusiastas del proyecto, gobierno, partidos políticos: ¿no os habéis “pasao” un poco? A mi no me cabe la menor duda. Todos los otros motivos para la oposición al proyecto, por más coherentes y razonables que sean, se vuelven poco relevantes ante el espectacular, ambicioso e inalcanzable supuesto base de posibles visitantes. En este caso no se cumplirá aquello de que la imaginación superará la realidad, dado que, más que imaginación, es ensoñación.
¡Y si todo quedase en un casino, dos hoteles, un parque infantil y hectáreas y más hectáreas libres, compradas a unos precios, tan sustanciosos, que ningún monegrino pudo imaginar! ¡A soñar que no cuesta dinero! Gobernar es más aburrido.

*Escritor

De Creta a la Codonyera

(Fa bastant de temps que vaig escriure l’article que repeteixo sota aquestes línies. Ho faig ara novament, atès el nul ressò que va tenir en quant a la rectificació d’allò que es diu en el web de la comarca del Baix Aragó, o en el panell informatiu a l’entrada de la vila)

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L’altre dia vaig entrar a les pàgines web de la comarca del Baix Aragó (www.bajoaragon.es) tot esperant trobar alguna referència a la llengua, quan es descriuen cadascuna de les viles —s’entén, les viles de parla catalana. Es fa esment a la situació geogràfica, a la història, l’economia, les festes, el paisatge, etc., i s’hi il•lustren amb fotografies, però de la llengua res de res. Ara bé, quan es parla de la Codonyera, apareix aquesta explicació: “Su nombre derivado del latín Codum que significa membrillo, así como, en chapurriau, lengua autóctona, donde Codony también lo significa”. (Sospito que aquesta informació està treta de la Guía Turística del Mezquín-Matarraña, editada l’any 2000). Magnífica, aclaridora i acadèmica descripció. No es pot demanar més. En primer lloc no conec aquesta accepció llatina de Codum, sí li puc dir a l’autor de la informació, que cotoneum (Alcover i Moll), cotoneum malum, cydonium i citonium (diccionari català-castellà-llatí-francès-italià, Barcelona, impremta de Joseph Torner, 1839) ho són de debò.
Si em permeteu la petulància, amics lectors, us diré que és el grec el que ens dóna més llum etimològica. A la ciutat de Κυδονια (Qudònia) de l’illa de Creta —en llatí Cydon i actualment Cidònia— els grecs cultivaven uns bons codonys, símbol de la felicitat i l’amor, consagrats a Afrodita, que anomenaven κυδώνιος (qudònios), en català codonys, i científicament Cydonia oblonga i Cydonia vulgaris.
Què haurà volgut dir l’autor de la descripció esmentada, quan diu lengua autóctona?: que va nàixer o es va desenvolupar només a la Codonyera, que és una llengua no escrita, que és una variant sense prestigi o dialecte sense importància d’alguna altra. Què coneix dels lleidetans que van colonitzar la vall del Mesquí i les altres terres del Bergantes, Guadalop o Matarranya, després de la reconquesta?
Si l’autor de la frase acceptés que a la Codonyera parlem català a la manera occidental ho tindria molt fàcil perquè, en català, codonyar o codonyerar signifiquen terra plantada de codonyers, i en algunes contrades, codonyera equival a codonyer, el arbre dels codonys (Alcover i Moll); però si no ho accepta, ho té “fotut”.
Recentment, en un viatge que he fet a Grècia, he descobert una paraula en grec actual, derivada —així ho crec jo— de κυδώνιος (qudònios). Visitàvem, la meua dona i jo, el Museu d’Instruments Musicals Grecs d’Atenes, escoltant els diferents instruments mitjançant els corresponents auriculars. Tot de cop, la Maricarmen, em diu que ha escoltat la paraula qudounios. Després, jo la sento també en la versió anglesa, referint-se al so d’unes campanetes o esquelles que antigament duia el bestiar, les quals van esdevenir, posteriorment, instruments musicals. A la vitrina d’enfront hi havien unes quantes esquelles o campanetes —dites kουδουνιών (qoudounion). La majoria d’elles tenien forma de codony. No vaig trigà massa en traure la conclusió. Avui, però, el nom de codony en grec és ιυδώνιο (iudònio).

Necessites bons codonys
per a fer un bon codonyat,
amb Codums i poc açucre,
només feràs xapurriat.

Rara avis los economistas

 

 

(Avui, el Diario de Teruel em publica, en castellà, l’article que podeu llegir tot seguit)
José Miguel Gràcia*
Los economistas, por lo general, son seres especializados en lanzar sus diatribas para impacientar o vender preocupación a la ciudadanía, tanto si la economía va bien como si se atraviesa un período de crisis, o cuando se está entrando en ella, o incluso, si se está emergiendo. ¡Quién no recuerda llamadas de atención, en los periódicos y demás medios de comunicación, de esta guisa!: “Ahora que estamos atravesando un período de bonanza, habría que gastar menos y ahorrar más”. “Atención a la inflación que puede repuntar, ante tanta alegría en el consumo; habría que aumentar los tipos de interés (en otras ocasiones se dice bajar, según convenga)”. “Como la economía está tan bien, en un futuro próximo, solo puede empeorar”. “¡Ojo con el déficit de la Balanza Comercial!”. “La Bolsa está demasiado recalentada”. “Atención a la próxima reunión de la OPEP, es muy probable que acuerden un aumento del precio del petróleo”. Y así todas las que quieran.

Por el contrario y cuando la economía esta en horas bajas aunque con ciertos indicios de recuperación, no faltan voces de este tipo: “Esta crisis tiene visos de ser muy larga”. “No se hagan falsas esperanzas, lo que parece un repunte, son sólo pequeños espejismos pasajeros”. “La mejora que se prevé ya está descontada”. “Puede que nuestra economía presente síntomas de recuperación, pero miren hacia los EEUU, aún esta en el ciclo más bajo”. Si los EEUU remontan claramente: “El comportamiento de nuestra economía es muy diferente a la EEUU”. “Nuestros bancos son sólidos, no obstante, dada la globalización de la economía, nos alcanzará fuertemente la crisis norteamericana”. Y así hasta la extenuación. Para qué cansarles más. Al sufrido ciudadano solo le queda el miedo, o la indiferencia si quiere vivir algo más feliz.

Observen lo que está pasando en la actualidad: hace pocos meses, era el incremento de los precios de la vivienda, el gran problema de los españoles (todavía lo es, claro). Después de incrementos del 15, 20 o 25 por ciento anuales, se venía a decir que bastaría con una estabilización de los precios para que el problema empezase a no serlo. ¡Y no digamos si los precios bajasen en el futuro!, se repetía. Pero esto no había sucedido nunca. El mensaje era: compre hoy, mejor que mañana. Los otros efectos económicos no importaban y los españolitos a resignarse, a comprar pisos carísimos y a hipotecarse treinta y cinco o cuarenta años. Bien, ahora que las cosas empiezan a cambiar, porque el alza de los intereses imposibilitan hacer frente a las cuotas mensuales de las hipotecas, las ansias de poseer una vivienda se han frenado de forma sensible y empiezan a crecer los carteles de pisos en venta, aparecen voces culpabilizadoras, achacando a la bajada de precios una posible recesión de la economía. Dicho en otras palabras: si a partir de ahora los pisos siguen bajando, los compradores —un poco más desahogados— van a ser los responsables de una posible crisis económica. Y si esta llega, aumentará el paro, no se podrán subir los sueldos y, ni tan siquiera con los pisos a precios bajos, se podrán comprar. O tal vez esta otra conclusión: la liquidez necesaria para el crecimiento económico español y las ganancias empresariales —creadoras de empleo— lo proporcionaba el gran volumen de dinero que el negocio inmobiliario abocaba en el sistema, financiado mediante los cuarenta años de hipoteca de los sufridos propietarios “virtuales” de una vivienda.

Ya está bien señores analistas económicos: más inteligencia y menos tópicos.

A veces tengo mis dudas, respecto si las crisis económicas son más el producto de su predicción, que de razones objetivas. ¿Es bueno que bajen los precios de la vivienda, sí, o no. Justo y necesario, lo es.

*Economista

“Finestrons i finestretes” a Sant Just Desvern

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Estic endreçant la meua col·lecció Finestrons i finestrestes perquè, probablement a partir del 18 d’abril, estarà exposada a Can Ginestar de Sant Just Desvern (Barcelona).

Can Ginestar és una antiga masia d’estil modernista, documentada des del 1403, però completament transformada a partir de 1904. Està envoltada d’un ampli jardí tancat amb un mur d’inspiració gaudiniana. La casa “té planta basilical, amb dos cossos afegits, un a cada banda, un d’ells destinat a capella. De la decoració de la façana en destaquen les motllures dels balcons i els pinacles que coronen el teulat. Les finestres de la planta baixa s’inspiren en l’estil gòtic. Des de 1978 és propietat de l’Ajuntament i es destina a casal de cultura, biblioteca i altres dependències municipals. Recentment ha estat magníficament reformada interiorment”.

En el moment que disposi de les dates precises de la inauguració i exposició (dies d’abril i maig) ho publicaré també aquí en el bloc.

En transició

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El 23 de febrer es clausura l’exposició En transició al Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), una aproximació a les dècades del setanta i vuitanta, que defineixen els límits de la dictadura a la democràcia. Una mostra força interessant i gens manipulada, només apareixen fragments dels fets com van succeir, sense els filtres que interposa el relat des de la contemporaneïtat, fins i tot pensat i expressat de bona fe. De protagonistes en singular, cap ni un: ni líders polítics, ni institucionals, ni intel·lectuals, malgrat els flaixos en els que van apareixent actuacions personals, però sempre formant part del conjunt. L’espectador, en aquest cas, jo mateix, ja sabem qui era a una banda i qui era a l’altra, qui lluitava contra Franco i la oligarquia econòmica, militar, política i eclesiàstica, qui s’hi jugava la pell i qui era a casa vivint amb el/i del poder dictatorial. El protagonista del canvi només és un: el poble des d’una gran majoria i globalment. La classe treballadora i els sindicats il·legals, amb les manifestacions i vagues per reivindicar els seus llocs de treball, la dignitat de les retribucions i el desballestament del Sindicato Vertical (Astúries, Catalunya, Euskadi, Madrid, etc.). Els estudiants universitaris reclamant, dins i fora de les Facultats, els drets democràtics per a ells i la resta de la societat, carregant-se progressivament el SEU. Els intel·lectuals i professors, amb els seus escrits, manifestacions i comportaments. Els periodistes, forçant al màxim la Llei de Premsa fraguista. Els nacionalismes, la classe mitjana, els cantants, els actors de teatre, etc., etc. Es clar, i molts polítics, fora i dins de les presons. Un protagonista coral: la gran majoria del poble espanyol, com he dit. Després de tres dècades, quan s’explica la transició espanyola vers la democràcia, es tendeix a penjar medalles personals, algunes merescudes, però altres forçadament interessades o mancades de rigor. Si hem de penjar una medalla, pengem-la al poble espanyol.

La mostra comença amb una antològica sessió del Consejo Nacional del Movimiento, presidit per Franco, on s’hi aprecia que tenint tot el poder se’n pot tenir tota la por.

El preu de la transició es va pagar en moneda força devaluada per part d’una de les bandes, i això ha deixat rastres fins avui. Si tot fou per a la democràcia…!

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Móres, cireres i mial

(Del poemari Davall d’una olivera, i en català de la Codonyera, aquí teniu un poema d’amor)

Te feré collarets de móres negres
del çarçal que se crie al bancalet
i arracais de cireres, i als clotets
de la cara, t’apegaré dos freses.

T’untaré de la mial del nau ixam
tot lo cos estès, dels genolls als pits,
pètals de rosa t’escamparé a mils
i pels braços, gotes de vi esmerat.

Tindré molta fam de tu amb fruta fresca,
obiarts los camins per a on anar:
dolça és la çurda, dolça és la dreta,

fruta, mial, besos, apaguen la fam,
plens los sentits, tindré una dolçor immensa
i, al despertar al matí, res no ha passat.